MALTRATO
Cuando el ser humano comenzó a socializarse, aparecieron los conflictos. Para darles solución poseemos diversos cauces entre los que, por desgracia, la respuesta violenta aparece con demasiada frecuencia. Basta con echar un vistazo alrededor para caer en la cuenta de la violencia que está de manifiesto en todos los ámbitos de nuestra vida.
La violencia puede adoptar múltiples formas. Puede ser individual o social, explícita o implícita. Puede estar dirigida contra mujeres, niños y niñas, minorías, tener forma de terrorismo y darse en ámbitos tan diversos como la comunidad o el deporte. Sin embargo, lo que no hay que olvidar es que, además de afectar a las víctimas, lo hace a las estructuras sociales. No hay más que pensar en cómo ha afectado a la sociedad que la violencia de género haya dejado de ser considerado un asunto perteneciente a la intimidad de cada familia para ser denunciado públicamente.
Hoy en día, además, nos encontramos con dificultades a la hora de identificar algunos casos de maltrato. Por un lado está la violencia física, que es la más evidente y que causa el maltrato corporal. Pero no debemos olvidar el abuso psicológico, cuyos efectos, aunque menos evidentes a simple vista, puede ser más dañinos a largo plazo. Una persona anulada por la presión que sufre por parte de otro no será capaz de evidenciar una situación que no es sólo perjudicial para ella, sino para toda la sociedad.
Los expertos de todo el mundo que trabajan en el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia, por su parte, se muestran especialmente preocupados por el papel que juegan los medios de comunicación en la configuración de los patrones sociales. Consideran que, especialmente, la televisión y el cine son tremendamente violentos, con lo que contribuyen a la aparición de efectos perjudiciales en los espectadores. Esto no quiere decir que los medios sean la causa principal de la violencia en la vida real, pero está comprobado que provocan imitación de comportamientos y que, de algún modo, inmunizan ante la representación de la violencia.
Diversos estudios concluyen que los comportamientos violentos nacen de una interacción entre factores biológicos y ambientales, por lo que la determinación genética tiene tanta importancia como la educación o el entorno. Esto exige el desarrollo de prácticas educativas que fomenten la responsabilidad personal y la tolerancia, así como la creación de cauces institucionales para la resolución no violenta de conflictos. Estas necesidades vienen planteadas por la naturaleza cambiante de la sociedad de nuestros días, caracterizada por la globalización de la cultura y la economía, la desigualdad y diversidad crecientes, además de la enorme presión a que se ven sujetos los individuos que la forman.