Zinea eta giza eskubideen iv. Topaketak.

NUEVOS MODELOS DE FAMILIA

Desde la formulación de la igualdad jurídica entre hombres y mujeres, apoyada por los recientes movimientos sociales y políticos, la familia nuclear formada a partir de un hombre y una mujer no es el patrón obligatorio a seguir en nuestra sociedad. De hecho, la Real Academia Española define  familia  como “un grupo de personas emparentadas entre sí, que comparten un mismo techo”, sin consideraciones de sexo o estado civil.

Asimismo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos,  recoge  que “nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación”. Añade, además, que “toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques”. Si a estas consideraciones les sumamos la de la Constitución española que establece que “los ciudadanos son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”, parece claro que cualquier unión establecida libremente por personas como familia es merecedora de respeto.

La pérdida de hegemonía del modelo tradicional tiene su origen en la aprobación de la Ley del Divorcio, que no entró en vigor definitivamente hasta 1981. Hace 25 años se vaticinó el fin de la institución familiar, sin embargo, esta Ley (30/1981 de 7 julio), aunque insuficiente, sirvió para poner fin a uniones tormentosas, así como para que las personas cuyo matrimonio no hubiera funcionado pudieran rehacer sus vidas. Así surgieron familias diferentes, como las monoparentales (mayoritariamente madres con hijos/as), reconstituidas, parejas en las que uno o ambos cónyuges pueden aportar hijos de un matrimonio anterior o, incluso,  uniones de hecho.

La participación en el mercado de trabajo, que les posibilitó ser económicamente independientes, y el avance de las técnicas de reproducción asistida, además, hicieron que algunas mujeres decidieran afrontar la maternidad por sí mismas.

Al haber aumentado las posibilidades de viajar, el mestizaje es una realidad cada vez más común. Ya no es extraño que una pareja esté formada por personas de diferente religión, raza o condición social. Las prósperasrelaciones con el resto de países también han facilitado los trámites de adopción.

La adaptación de algunas leyes a los cambios sociales, hizo que numerosos colectivos, como grupos feministas y asociaciones de homosexuales, alzaran su voz en defensa de sus derechos civiles y libertades. Estas reivindicaciones han dado lugar a la promulgación de normas que combaten la discriminación. Un ejemplo es la reciente aprobación de una ley que permite contraer matrimonio a lesbianas y gays. Así, nacen las familias constituidas por personas del mismo sexo, aún con limitaciones a la hora de adoptar menores.

Lo que se persigue, en definitiva, es lograr la protección efectiva de los derechos de toda la ciudadanía. Se tiende, y se debe llegar, a una normalización de los diferentes modelos familiares. Alejarnos del concepto de lo “normal” y adaptarnos a las circunstancias sociales en las que vivimos.

Al fin y al cabo, nuestros hijos e hijas comparten ya aula con escolares de diferente origen étnico o credo religioso, o cuya familia esté compuesta por dos personas del mismo sexo, por poner un ejemplo. Ante esta realidad, es necesario educar en el respeto activo de la diversidad social.