Zinea eta giza eskubideen iv. Topaketak.

POBREZA Y SUPERVIVENCIA

La Organización de las Naciones Unidas se propuso el año 2000 la consecución de lo que denominó los Objetivos del Milenio. 189 Jefes de Estado, así como la Organización de Cooperación y Desarrollo, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial se comprometieron a “luchar más firmemente contra la insuficiencia de ingresos, el hambre generalizada, la desigualdad de género, el deterioro del medio ambiente y la falta de educación, atención médica y agua potable”.

El primero de estos ocho Objetivos del Milenio es “la erradicación de la pobreza extrema y el hambre”, que se pretende alcanzar mediante el logro de dos metas concretas: reducir a la mitad tanto el número de personas cuyos ingresos sean inferiores a un dólar diario, como el de quienes padecen hambre.

Cinco años después, en su último informe, la ONU mantiene que estas metas son alcanzables. Unos pocos datos positivos contrastan con lo que aún queda por conseguir y la voluntad que hay para llevarlo a cabo: 1.200 millones de personas siguen viviendo con menos de 1 dólar al día y 3 millones lo hacen con menos de 2, el 1% de la población mundial más rica percibe los mismos ingresos que el 57% más pobre, 1.300 millones de personas no tiene acceso a agua potable, 800 millones de personas sufren desnutrición y 10.000 hombres y mujeres mueren cada día debido a enfermedades causadas por la deficiencia de las condiciones sanitarias en las que viven.

Debido a esta violación de los Derechos Humanos de más de 1.000 millones de personas en todo el mundo, diversos organismos internacionales han aunado sus esfuerzos en un Llamamiento Mundial a la Acción Contra la Pobreza. Consideran que los esfuerzos para lograr un desarrollo sostenible global son “enormemente inadecuados” y exigen la consecución de cuatro objetivos concretos.

En primer lugar, piden modificar las normas del comercio internacional,  para conseguir un Comercio Justo, que permita a los países en vías de desarrollo fijar sus propias prioridades y que no sea, como hasta ahora, una herramienta para la imposición de condiciones perjudiciales para el propio territorio. Entre las medidas a adoptar, destacan la necesidad de poner fin a subvenciones que los países ricos conceden a sus productos nacionales para permitir exportarlos por debajo del precio de coste de producción, perjudicando de esta manera el sustento de las comunidades rurales de los países en vías de desarrollo.

Asimismo, exigen la Cancelación de una Deuda Externa que supone a los países pobres mucho más dinero que la cuantía de la ayuda internacional que reciben. Entre 1970 y 2002, los países más necesitados de África recibieron un préstamo de unos 294.000 millones de dólares, devolvieron 298.000 millones y dejaron a deber aún 200.000 millones más. De igual modo, denuncian que la cancelación de la deuda esté ligada a contratos con los países acreedores y a condiciones económicas que perjudican a quienes viven sumidos en la pobreza.

En tercer lugar, piden que los gobiernos y los organismos internacionales aumenten y mejoren con urgencia los recursos necesarios para lograr los Objetivos del Milenio a través de asegurar el 0,7% del Producto Interior Bruto para la ayuda, tener en cuenta las prioridades establecidas por la comunidad a la que va dirigida y explorar nuevos mecanismos para financiar el desarrollo.

El Llamamiento a la Acción Contra la Pobreza requiere también que los diferentes gobiernos nacionales hagan partícipe a toda la sociedad civil de las políticas y planes de desarrollo locales, sin olvidar a los colectivos más pobres y a los socialmente marginados. Pide que, entre otros aspectos, garanticen la correcta asignación de los recursos para lograr unos servicios públicos de calidad y que hagan frente de forma enérgica a la corrupción, entre otros.

En nuestro país,  las más de 400 organizaciones que forman la plataforma Pobreza Cero se han movilizado para denunciar que aún no ha habido avances significativos en la reducción del hambre y la pobreza.

La desigualdad entre naciones ricas y pobres continúa en aumento. El comercio internacional, la globalización y la especulación financiera privilegian a las economías más poderosas, la deuda externa frena el desarrollo de muchos países y el sistema de ayuda internacional, escaso y descoordinado en algunos casos, no logra resultados significativos. La responsabilidad de esta situación parece recaer en los intereses económicos y la falta de voluntad política del 10% del planeta que se aprovecha del 70% de las riquezas y recursos de la Tierra.