Zinea eta giza eskubideen iv. Topaketak.

SIDA: LUCHA CONTRA LA DISCRIMINACIÓN

Tras 25 años desde el primer diagnóstico de la enfermedad en 1981, 40 millones de personas convivieron con el VIH en todo el mundo durante 2005. A pesar de las recientes mejoras en el terreno del acceso al tratamiento antirretrovírico y la generalización de las campañas de prevención, el pasado año la epidemia acabó con la vida de algo más de 3 millones de personas, de las cuales medio millón eran niños y niñas. La Organización Mundial de la Salud advierte de que nos encontramos en el pico más alto de la enfermedad, con 5 millones de nuevas infecciones el año pasado.

En paralelo a la propagación de la enfermedad, los tratamientos antirretrovirales han ido mejorando notablemente la calidad de vida de las personas portadoras del VIH, incrementando su esperanza de vida. La ciencia ha logrado, además, que una pareja con alguno de sus miembros seropositivo, pueda tener hijos sanos mediante una lavado de semen o evitando el contacto de la sangre del feto con la de su madre.

Sin embargo, el dato más preocupante es que sólo el 1,5% de los y las pacientes que lo necesitan tiene acceso a un tratamiento antirretroviral. Los medicamentos están generalizados entre la población seropositiva de los países más desarrollados y, a pesar de que han llegado al 80% de las personas afectadas en Argentina, Brasil, Chile y Cuba, como mucho uno/a de cada diez habitantes de África y uno/a de cada siete habitantes de Asia enfermos/as lo recibían a mediados de 2005.

Junto a la universalización del tratamiento, que la ONU se propone alcanzar para 2010, y la globalización de las campañas de prevención como únicas medidas posibles contra el VIH/SIDA, la OMS se enfrenta a un nuevo problema. Por la falta de sensibilización y conocimiento acerca del VIH, se ha creado un estigma sobre la infección que alimenta, muchas veces, la necesidad de crear un chivo expiatorio a quien culpar de la enfermedad. Ha sucedido en algunos países con el colectivo homosexual y en regiones de África, donde se ha llegado a extender que es el preservativo repartido por los blancos el que provoca la infección.

El estigma surge del miedo, así como de asociar el SIDA con las relaciones sexuales, la muerte y con comportamientos que se consideran prohibidos o tabú en muchos lugares del mundo, tales como las relaciones sexuales pre y extramatrimoniales, la prostitución, la homosexualidad o el consumo de drogas intravenosas. El desconocimiento margina y disuade, en muchos casos, a las personas que viven con el VIH de desempeñar un papel vital de primera línea en los esfuerzos de prevención.

El último informe conjunto de ONUSIDA/OMS pone de relieve que una respuesta integral a la enfermedad requiere la aceleración simultánea de los esfuerzos de tratamiento y prevención a nivel universal. En cualquier caso, cualquier iniciativa encaminada a controlar la expansión del VIH exige, tal y como indica la OMS, enfrentarse con mayor determinación a factores que alimentan la epidemia, entre los que se encuentran el estigma, la discriminación, la desigualdad por razón de sexo y otras violaciones de los Derechos Humanos.