MUJERES Y CAMBIO SOCIAL
Aún hoy en día, los derechos básicos de muchas mujeres se violan con frecuencia en todo el mundo. Se da cuando viven en peores condiciones de pobreza que los hombres, cuando se enfrentan a la discriminación en el acceso al empleo, no se las escolariza o se las somete a prácticas tradicionales vejatorias, por poner unos pocos ejemplos.
Actualmente, hay cuatro convenios vigentes que velan por los derechos de las mujeres: el CEDAW (Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer), la Plataforma de Acción de Beijing (adoptada por los gobiernos en la Cuarta Conferencia Mundial sobre Mujeres de 1995), la Resolución 1325 sobre Mujeres, Paz y Seguridad del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y sus Objetivos de Desarrollo del Milenio. Según los problemas identificados en estos acuerdos, la División de Naciones Unidas para el Fomento de la Mujer, UNIFEM, ha identificado cuatro áreas estratégicas de trabajo para lograr la igualdad entre hombres y mujeres.
En primer lugar está el logro de la igualdad de género en los gobiernos democráticos. Se trata de asegurar la participación de las mujeres para que las leyes, las políticas y las instituciones gubernamentales reflejen fielmente las necesidades de la ciudadanía. Además, UNIFEM ha establecido la igualdad como un concepto básico en sus programas de reconstrucción, respaldando el liderazgo femenino desde un principio.
Naciones Unidas también hace hincapié en la desproporcionada carga de pobreza que sufren las mujeres a escala mundial. Y, si esto fuera poco, denuncia que en muchos casos la globalización ha aumentado la brecha, haciendo que las mujeres pierdan en una proporción muy superior su empleo, las prestaciones sociales y los derechos laborales. Con una presencia demasiado escasa en los círculos de decisión, ellas tienen pocas oportunidades de rectificar las desigualdades existentes.
El abuso más generalizado, sin embargo, es la violencia de género. Una de cada tres mujeres la sufrirá a lo largo de su vida, según cifras de la ONU. Mediante su informe “Ni un Minuto Más: Fin a la Violencia contra la Mujer”, UNIFEM trata de difundir mundialmente la necesidad urgente de combatir un problema que sigue sin reconocerse en muchas naciones. A pesar de que en las sociedades más avanzadas se estén condenando los malos tratos pública y penalmente, aún quedan muchas en las que la tradición los fomenta y en las que se aceptan los golpes con sumisión.
Relacionada con la violencia de género, que en muchas ocasiones toma forma de agresión sexual, está la preocupante expansión del VIH/SIDA. En África, donde la epidemia es más grave, las jóvenes tienen una probabilidad tres veces mayor de infectarse que los hombres. Las mujeres, a nivel global, tienen menos conocimiento que los hombres acerca de cómo prevenir la infección, y lo que saben no les protege frente a los abusos. UNIFEM parte de la premisa de que el VIH/SIDA es una cuestión de salud y de desarrollo, pero que también está íntimamente vinculada a la desigualdad de género.
Esta vulneración sistemática de los derechos fundamentales hace difícil para muchas mujeres pensar que las cosas pueden ser de otra manera, frenando su iniciativa como protagonistas del cambio social.